VSF Fahrrad Manufaktur T500

He realizado una prueba con la bicicleta alemana VSF Fahrrad manufaktur T-500 en su versión con frenos de disco. Se trata de una bicicleta de trekking con cuadro de acero. Lleva un interesante sistema de luces con buje de dinamo integrado. Componentes Shimano Deore, 30 velocidades, sillín Selle Royal, ruedas de 28×1,50 con cubiertas Schwalbe Marathon Racer. Equipada con guardabarros, pata de cabra y transportín trasero. Se trata de una bicicleta muy cómoda y es un auténtico placer circular con ella. Sin duda, una bici para grandes viajes. Su precio, alrededor de 1000 euros.

 

I did a test with the german bicycle VSF fahrrad manufaktur T-500 in its version with disc brakes. It is a trekking bicycle with steel frame. It has an interesting light system with integrated dynamo hub. With Shimano Deore components, 30 speeds, Selle Royal saddle, 28×1,50 wheels with Schwalbe Marathon Racer tyres. Equipped with fenders, sidestand, and rear rack. It is a very comfortable bicycle and a real pleasure to ride it. Without a doubt, a bike for big expeditions. The price, around 1000 €.

 

Escocia, parte II. Islas Hébridas Exteriores y Skye

La segunda parte de la ruta por Escocia se ha basado principalmente en las islas Hébridas Exteriores, las cuales he recorrido en bicicleta, además, he cruzado de norte a sur la isla de Skye y de allí he ido a Glasgow por las Highlands occidentales. Este viaje ha tenido lugar entre los días 22 y 29 de junio. En cuanto al lugar visitado, las Hébridas Exteriores, se trata de un grupo de islas situadas al noroeste de Escocia, a casi 5 horas en ferry de Oban, en la costa occidental. Son unas islas remotas y bastante aisladas, golpeadas por los envites del frío océano Atlántico, para llegar allí generalmente se utiliza el ferry, de la compañía Calmac. En los días que yo he estado el tiempo ha sido relativamente bueno, con temperaturas entre 8 y 14 grados y un par de días de fuerte viento, pero sin lluvia. Desde Glasgow, hay que contar con aproximadamente ocho horas para llegar como mínimo, si se va por tierra y mar. Estas islas cuentan con algún pequeño aeropuerto comercial con vuelos a Glasgow, entre los que destaca el de la isla de Barra, por situarse su pista de aterrizaje en plena playa cuando la marea está baja, donde aterrizan pequeños aviones bimotor de la compañía Loganair con capacidad para 20 pasajeros.

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Mapa con la ubicación de las Hébridas Exteriores

 

El viaje comienza en Edimburgo, donde aterrizo casi a medianoche en el aeropuerto. Antes de las 4 de la mañana ya está casi de día, con lo que decido coger el autobús local N32, que me lleva del aeropuerto al centro de Edimburgo. Desayuno en un McDonalds junto a Princes Street mientras hago tiempo para recoger la bicicleta que me ha guardado una persona de la comunidad Warmshowers. A las 7 horas recojo la bicicleta y monto las alforjas. Pedaleo hasta la estación de tren de Waverley y tomo el tren hacia Glasgow Queen Street, donde cambiaré de convoy para llegar a Oban. En Glasgow tengo una hora libre, que aprovecho para visitar la ciudad brevemente, veo la catedral y acudo a una tienda de bicicletas donde me hago con un soporte para un bidón. Lo instalo y regreso hacia la estación de tren.

El transporte de la bicicleta es gratuito en los trenes en todo el Reino Unido, aunque hace falta reserva. En mi caso, compré el ticket por Internet con una semana de antelación. En el tren, va otra persona con bicicleta. Tras aproximadamente tres horas de trayecto, llego a Oban algo antes de las 14 horas. Dado que el ferry no sale hasta el día siguiente a las 13 horas, me dirijo al hostel que había reservado. Dejo las alforjas y salgo a visitar Oban con la bicicleta. Subo al Pulpit hill, desde donde contemplo unas bonitas vistas, a continuación visito el castillo y recorro unos 10 kilómetros hacia el norte, para visitar otro castillo y la zona de costa. Vuelvo al hostel y hago algunas compras en el supermercado para cocinar la cena y el desayuno al día siguiente.

A la mañana siguiente, amanece el día bastante nublado y con fuerte viento. Voy al puerto a comprar el ticket del barco. Embarco y tras casi 5 horas de trayecto llego a la isla de Barra, desde donde comenzaré el periplo por las islas Hébridas Exteriores.

 

Son casi las siete de la tarde, pero los días son muy largos y no anochecerá hasta medianoche. La temperatura es fresca, pero apetece comenzar a explorar con la bici las islas, además el tráfico es prácticamente nulo. Se respira una gran tranquilidad y el paisaje es sobrecogedor. Desde Castlebay, la pequeña localidad de la isla de Barra donde está el embarcadero, me dirijo hacia el sur, visitando las playas que me encuentro por el camino. Se trata de unos arenales realmente limpios, de arena blanca y aguas cristalinas. Pocas veces se tiene la oportunidad de visitar lugares tan vírgenes.

 

 

Para dormir, encuentro un camping equipado con todo lo necesario en un edificio, pero dada mi llegada alrededor de las once de la noche, no hay nadie en recepción. Pregunto a un cliente, quien me dice que puedo hacer uso de los servicios.

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Vatersay, Outer Hebrides

Al día siguiente aprovecho el madrugón para recorrer la parte occidental de la isla, llego al norte, y vuelvo hacia el sur a Castlebay. El terreno es bastante rompepiernas, pero el paisaje tan espectacular hace más llevadero el recorrido. Llego muy temprano a Castlebay, compro algo en la tienda para reponer fuerzas, y decido regresar hacia el norte para visitar el aeropuerto a la hora en la que llega un avión, alrededor de las 11 horas. Veo el aterrizaje del Twin Otter desde la cafetería del aeropuerto, donde como unas patatas fritas mientras charlo con otros dos ciclistas alemanes, de viaje por Escocia durante 15 días con bicicletas de alquiler. Este aeropuerto y su cafetería es un lugar muy interesante para visitar, quien vaya a la isla de Barra no debe perderse la visita al aeropuerto cuando aterrizan los pequeños aviones bimotores procedentes de Glasgow. Después, me dirijo hacia el embarcadero para cruzar a la isla de Eriskay.

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Aeropuerto de Barra, Escocia

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Twin Otter en la isla de Barra, Escocia

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Caledonian MacBrayne ferry de Barra a Eriskay

La isla de Eriskay es muy pequeña, pero nada más bajar del barco hay una fuerte subida. Desde arriba, se contempla una buena panorámica. El recorrido por esta isla es de apenas 2 km. Aprovecho que hay una furgoneta itinerante que vende pizzas para comerme una, y continuo pedaleando, cruzando el dique hacia South Uist. En las señales de tráfico se indica que suele haber focas cruzando, no tengo la suerte de verlas, pero sí observo brevemente asomar la cabeza de una en el mar.

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Causeway entre Eriskay y South Uist

Llego a primeras horas de la tarde a isla de South Uist. Se trata de una isla bastante larga, pedaleo por su parte occidental, que es más llana y es por donde discurre la Hebridean way, o national cycling route 780. A veces la ruta va por la carretera principal, pero normalmente transita por pequeñas carreteras. El paisaje es bastante rural. Para antes del anochecer he cruzado la isla y ya me encuentro en Benbecula, donde nada más llegar encuentro un supermercado Co op abierto, aprovecho para comprar comida y continuo pedaleando hasta dar con un lugar para acampar.

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South Uist, Outer Hebrides

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Benbecula island, Outer Hebrides

 

 

Es domingo y con la tranquilidad del lugar, nadie me molesta por la mañana en mi lugar de acampada. Además, descubro que el edificio contiguo cuenta con baños y cocina. Aprovecho para ordenar las alforjas, pasar fotos al ordenador, desayuno abundantemente plátanos y pan de molde con crema de cacahuete y comienzo a pedalear. En esta jornada el terreno es más plano con el escenario dominado por el mar, prados con ovejas, además de coloridas aves, todo salpicado por algunas casas diseminadas.

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Al amanecer, veo el arco iris desde la tienda

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Islas Hébridas Exteriores, Escocia

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Focas cruzando

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Outer Hebrides,  sheeps

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Ave de pico naranja, fauna de Escocia

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Islas Hébridas Exteriores, Escocia

Casi sin darme cuenta llego a North Uist. Es otra isla bastante larga, y me llevará todo el día cruzarla hasta llegar a Beriskay, donde tomaré el segundo ferry para pasar a la isla de Harris. El buen tiempo ha hecho que disfrute doblemente de la etapa. Este día conozco a una veterana ciclista irlandesa, en su primer viaje en bicicleta.

 

 

Tras dormir en la terminal de ferrys, cojo el primer ferry que sale a las 7:15 h de la mañana hacia la isla de Harris. La isla de Harris me sorprende por la belleza de sus playas, sobre todo una de ellas llamada Luskentyre, que ha sido elegida varias veces por diarios y guías británicas como la mejor playa del Reino Unido. La arena blanquísima, y su impecable estado de conservación, son los dos elementos más destacados. Por lo demás, es una isla muy interesante, nada monótona y donde en cada esquina hay algo sorprendente, con cambios en el paisaje que la hacen muy amena. En la isla de Harris, coincidiré con una pareja de ciclistas británicos que recorren las Hébridas Exteriores. Tras relajarme en la playa Luskentyre, afronto los últimos kilómetros después del mediodía, para llegar a Tarbert antes de las 3 de la tarde. De allí, saldrá el ferry que me llevará a la isla de Skye.

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Ferry de Beriskay a Harris

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Harris island

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Isla de Harris, Escocia

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Isle of Harris, beach

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Harris, Outer Hebrides

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Luskentyre beach, Harris island, Scotland

 

 

Skye y el recorrido de Mallaig a Glasgow son las siguientes etapas que pedalearé. Actualización de contenido en breve.

Escocia, parte I. De Edimburgo a Inverness por las Highlands

La primera parte de mi ruta por Escocia ha consistido básicamente en el trayecto entre Edimburgo e Inverness, con algunas otras escapadas por las Highlands y Glasgow, entre otros sitios. He podido disfrutar de los paisajes y la fauna salvaje de estas latitudes, que bien merecen la pena.

El primer día discurrió por el canal Union entre la capital escocesa y Falkirk, para después continuar hasta pasado Stirling, donde acampé en un parque público, que en realidad era el campo de fútbol del equipo local. Fue una jornada muy agradable, con buen tiempo y terreno plano, el recorrido fue por carriles bici compartidos con peatones, en el 90%, y un 10% por carretera convencional, todo asfaltado salvo algun kilómetro contado en el que fui campo a través y por pequeños senderos. Finalicé la etapa en Bridge of Allan, a la salida de Stirling, una cuidada y bonita ciudad con un agradable centro histórico y en la que la principal atracción es el castillo, que domina toda la localidad. Desde arriba, las vistas son muy bonitas, donde predomina el color verde del paisaje.

El segundo día acampé junto a las cascadas de Bruar, un lugar increíble. La etapa en esta ocasión se adentra en la region de Perth, una zona eminentemente rural, con muchas granjas. No hay muchos servicios por el camino, con lo que tengo que desviar un poco mi ruta para llegar a un supermercado Tesco en la carretera de circunvalación de Perth, por recomendación de un ciclista local. En el Tesco repongo provisiones y continuo avanzando hacia el norte a través de valles profundos rodeados de vegetacion, en los alrededores de Pitlochry, por la national route 7, aunque en algunos tramos la falta de señalización hace que tome un desvio equivocado y pedalee unos cuantos kilometros de más. Finalizo la etapa después de 150 km recorridos.

En esta epoca del año, poco después de las 3 AM ya es de día en el norte de Escocia, con lo que he madrugado bastante y completado largas jornadas sobre la bicicleta entre paisajes espectaculares y fauna salvaje. El recorrido hasta Inverness, no ha sido sencillo. En ocasiones el viento ha sido un importante obstáculo en el camino, además el terreno es muy ondulado.

La bicicleta de segunda mano ha respondido a las expectativas. En general, el tiempo ha sido bastante benigno, con largos ratos de sol y muchas horas de nubes, pero nada de lluvia.

Las infraestructuras ciclistas en Escocia son buenas, con muchos kilómetros de vías  especialmente acondicionadas para los ciclistas, la mayoría compartidas con peatones. En ocasiones, son footpaths o caminos para ir a pie, muy estrechos, pero divertidos. Se puede ir con cualquier bicicleta sencilla. Algunos de estos caminos atraviesan zonas en las que hay abrir barreras o pasar entre campos de golf. A destacar la ruta nacional número 7, (national cycle route 7) que he seguido buena parte del tiempo. También, reseñable el elevado número de ciclistas que viajan por Escocia, sobre todo británicos. Por lo demás, he conocido a un cicloturista austríaco que ha hecho la ruta de Bristol a Edimburgo, a quien le robaron el año pasado las alforjas en el sur de Irán y no pudo continuar su ruta por Asia Central.

A continuacion, un resumen fotográfico de este viaje. La primera parte de Escocia.

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Union canal

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The wheel, Falkirk

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Castillo de Stirling

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Red squirrels, ardillas rojas

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Pass of Killiecrankie

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Escocia, día 1.

Después de dormir en un sofá de la franquicia de cafeterías Costa del aeropuerto de Edimburgo, a las 7 de la mañana he cogido el tranvía en dirección al centro. Media hora después he llegado a la parada de Princes Street, donde me he bajado para ir andando al hostel High Street, situado junto a la Royal Mile. Como ya conozco Edimburgo de cuando estuve viviendo tres meses en el verano de 2005, no me ha costado encontrarlo.

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Cafetería Costa del aeropuerto de Edimburgo, un buen alojamiento improvisado si llegas aterrizas tarde o despegas muy temprano

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Vista desde el tranvía del aeropuerto al centro de Edimburgo

Enfrente del hostel, hay una tienda de alquiler y venta de bicicletas, Cycle Scotland. Allí, antes de las 8 de la mañana estaba Peter, quien me ha vendido una mountain bike de segunda mano con neumáticos de bicicleta híbrida  y un tamaño de cuadro de 17″. El hombre estaba muy ocupado porque justo hoy tenía un tour guiado de bastante gente y estaba poniendo a punto un buen número de bicicletas cuando yo he llegado. Por eso, me ha dicho que yo ajustara el freno y atornillara la parrilla que le faltaba. La conexión de la parrilla estaba doblada y no encajaba bien, con lo que he estado un rato hasta que he podido colocarla. Peter alucinaba al decirle que había ido hasta Malasia en bicicleta y con mi falta de pericia mecánica. Después, me ha invitado a un café y ha dicho que me vuelva a pasar para hablar con más tranquilidad por si quiero alguna recomendación o mapas de rutas.

A mediodía, he realizado una visita a los Meadows, donde con el tiempo tan agradable y estable que ha hecho durante todo el día (24ºC es todo un récord aquí) se estaba muy bien y allí he comido cuscús precocinado de supermercado y dos mini kebabs. A la tarde he aprovechado para probar la bicicleta, con la que he ido a por gas para el hornillo a la tienda Go Outdoors en Granton, al norte de la ciudad. Después, he dado un paseo por la Royal Mile y calles adyacentes, la zona histórica de la capital escocesa. Edimburgo es como un museo al aire libre, históricamente ha sido lugar de grandes pensadores y eso ha quedado patente en su urbanismo. Es increíble el número de monumentos con que cuenta esta ciudad, pero dos esculturas son las que destacan,  la del filósofo David Hume, y la del economista Adam Smith. También  he descendido por Victoria Street hacia Grassmarket, después he vuelto atrás a la catedral de Saint Giles y he aprovechado para subir al Calton Hill para tener una panóramica de la ciudad. Por último he dado una vuelta por la zona de Princes Street, que es sobre todo una calle comercial, repleta de tiendas de souvenirs para turistas, donde destacan los kilt, o faldas escocesas, las bufandas, y las galletas Walkers, que más que escocesas son un símbolo de todo el Reino Unido.

Escocia, comienza la aventura

Saludos desde Edimburgo. Después de dos horas de vuelo desde Bilbao, en un Airbus A320 de color naranja y olor a nuevo de Easyjet, a medianoche he llegado a Edimburgo.

Mañana iré a recoger la bicicleta de segunda mano que he encontrado por Internet, y el viernes comenzaré la ruta por tierras escocesas. Iré informando con mapas y fotos de la ruta que seguiré, aunque a grandes rasgos ya adelanto que desde Edimburgo tomaré rumbo norte hacia Inverness y después volveré a la capital, para cerrar el círculo. Por el camino, dormiré en ‘bothies’ y acamparé donde pueda (la acampada libre es legal en Escocia).  La duración estimada del viaje será de entre diez días y dos semanas, en los que completaré unos mil kilómetros.


Greetings from Edinburgh. After two hours flight from Bilbao, in an orange colour and brand new Airbus A320, I arrived to Edinburgh at midnight.

Tomorrow I will collect the bicycle that I found in Internet and on friday I will start my route over Scotland. I will keep you updated with maps and pictures from the road. I expect drive north from Edinburgh to Inverness and then back to the capital to close the circle. I will sleep in bothies and I will make free camping as well (it is legal in Scotland). The estimated time for this trip will be between ten days and two weeks, completing around one thousand kilometers.

10 razones para viajar en bici

En ocasiones la gente me ha preguntado por qué viajo en bicicleta en lugar de hacerlo en coche o en transporte público. Mucha gente no entiende por qué alguien debería viajar en bicicleta, parece lento y cansado.

Personalmente, he viajado de muchas formas, sobre todo durante mi época como mochilero, donde he ido haciendo uso de aviones, autobuses, trenes, etc, vamos lo que viene siendo un viaje convencional. Sin embargo, desde que comencé a utilizar la bici para viajar, he encontrado la mejor compañera posible. Tanto es así, que no he vuelto a viajar si no es en bici. Por ello, he redactado este artículo en el que resumo los principales motivos por los que viajo en bicicleta.

Bicicleta utilizada entre 2011 y 2016

Bicicleta utilizada entre 2011 y 2016

1. Es barato. Una bicicleta es un vehículo muy sencillo, universal, puede repararse en cualquier parte del mundo y no consume combustible.

2. Te da libertad. Te da la facilidad de moverte a donde y cuando quieras, ocupa poco espacio y no tienes que preocuparte de aparcar.

3. Es ecológico. 0 emisiones de CO2, de manera que contribuyes a cuidar el medio ambiente.

4. Te mantienes en forma. El ejercicio físico hace que tu salud mejore.

5. Cercanía y proximidad con el entorno e integración en el paisaje.

6. Conoces gente, te abre puertas y recibes hospitalidad. Descubres lo mejor de las personas. Tendrás muchas anécdotas y se darán muchas situaciones divertidas.

7. Te pone a prueba física y mentalmente.

8. Te acerca a la aventura. Podrás adentrarte en caminos y rutas que de otra forma no harías, tendrás que asumir riesgos y lidiar con situaciones meteorológicas adversas.

9. Puedes llegar a los lugares más remotos y rincones inexplorados.

10. La vida en una bicicleta es muy sencilla. Se reduce a lo esencial: Conseguir alimento y agua, y un lugar para dormir.

Nueva aventura: Escocia e Islandia

Después de unos meses de descanso, en unas semanas volveré a la carretera con un nuevo proyecto. Esta vez, recorreré en bicicleta Escocia e Islandia.

La primera parte, Escocia, comenzará cuando aterrice en Edimburgo el próximo 24 de mayo. En la capital escocesa, compraré una bicicleta de segunda mano que me acompañará durante los diez días que durará la expedición.

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Malasia, fin del viaje

Los últimos kilómetros por Tailandia pedaleé en solitario, desde Trang a Hat Yai y de ahí a la frontera. El recorrido no fue muy exigente. Debido al calor, hice alguna parte durante la noche, con lo que avancé rápidamente y el día 30 de octubre crucé a Malasia.

Decidí ir improvisando por el nuevo país, y me dirigí hacia Kuala Perlis, en la costa noroccidental. Allí, pude entablar conversación con el vigilante de un centro comercial, quien me permitió cargar las baterías en enchufes. Después, me ofreció la posibilidad de dormir allí dentro, aunque ya había encontrado otro lugar.

De Malasia, he podido observar que es un país en el que el Islam tiene bastante protagonismo. En la carretera se pueden ver grandes carteles anunciando madrasas y eslóganes adoctrinadores.

En cuanto a infraestructuras, se observa un nivel de desarrollo más elevado que en los demás países del sudeste asiático. Para el viajero, los precios no son más altos que en la vecina Tailandia. Las carreteras, se encuentran por lo general en perfecto estado.

En Kuala Perlis no hay mucho para ver. Como los enchufes son del tipo británico, decido comprar un pequeño adaptador universal en un Seven Eleven.

A la mañana siguiente, amanece con lluvia, pero para cuando me pongo en marcha ya ha parado. Decido pedalear por la carretera de la costa. Se trata de una carretera bastante estrecha junto al mar, con poco tráfico y rodeada de vegetación, con lo que es muy agradable rodar con la  bicicleta. El litoral aquí está bastante poblado, en forma de pequeños pueblecillos de pescadores, donde la contaminación ambiental se deja notar. Los residuos flotan en los canales y en los márgenes costeros. Avanzo a través de campos de palmeras, plataneras, y otras especies tropicales. La fauna, también hace acto de presencia. Una iguana bastante grande se cruza a gran velocidad por delante de mi bicicleta. En una especie de edificios abandonados, se escucha un fuerte ruido de pájaros, pregunto a un local y me dice que son nidos, como ya me suponía.

A primeras horas de la tarde, tomo un desvío para incorporarme a otra carretera que va más al interior. El tráfico aumenta y el paisaje ahora está dominado por los arrozales. Decido parar a probar la gastronomía malasia en un bar de carretera. Uno de los platos más típicos es el Roti, de influencia india. Se trata de una especie de pan, al que se le añaden diferentes tipos de salsa. Son muy baratos, creo recodar que 3 Rynggit, que al cambio son unos 70 céntimos de euro. Pruebo dos de ellos y continuo hacia la localidad de Alor Setar, capital del estado de Kedah. Al lado de la carretera encuentro un edificio nuevo de viviendas, enfrente de una escuela. De casualidad, veo en el móvil una red wifi abierta y aprovecho para conectarme. Como la humedad es muy alta y no me apetece buscar un alojamiento, decido que dormiré a la intemperie. A las doce aproximadamente me duermo. Me despierto a las 3 y media miro alrededor, pero no hay nadie. Vuelvo a dormirme. A las 5:25 me despierta la llamada a la oración de una mezquita próxima. Estiro la mano para coger el móvil y no lo encuentro. Miro y no lo veo. Levanto la cabeza, y donde debería estar mi bici aparcada, no hay ni rastro. Acabo de darme cuenta que mientras dormía me han robado la bicicleta con las alforjas y el móvil. Tan solo me quedo con lo puesto. Por suerte, llevo la cartera y pasaporte conmigo, porque utilicé como almohada un pantalón donde lo llevaba. Salgo a la carretera y decido pedir auxilio en una gasolinera. La joven empleada sale de la garita y, tras explicarle lo sucedido me acompaña corriendo al otro lado de la carretera, donde hay otra gasolinera. Allí, el chico intenta llamar a la policía, pero no cogen el teléfono. Me invita a un refresco. Decido que debo hacer algo para ganar tiempo, vuelvo al lugar de los hechos, y observo que hay una garita de seguridad junto a un concesionario de Nissan. Allí, está el empleado de seguridad, al que le explico mi situación. El hombre se ofrece muy amablemente a acompañarme cuando finalice su turno a las 8 de la mañana a la comisaría de policía para formalizar una denuncia. Al final, habla con su jefe y  me lleva en coche un empleado del concesionario. Una vez en comisaría, hago el informe sobre el robo y me mandan esperar. Al de media hora, entro a una oficina con un investigador, que recaba más información. Me doy cuenta de que al lado de donde dormía había una cámara de seguridad de una tienda de muebles de oficina. Junto con otros dos agentes, nos dirigimos en coche al lugar de los hechos y reconstruyo la situación, mientras aprovechan para tomar fotografías. Entramos a la tienda y pedimos la grabación, donde se ve como una persona con un chaleco reflectante se acerca por detrás, coge el móvil que tenía a mi izquierda y después la bicicleta. Ocurrió exactamente a las 4:59 h.

Sin bicicleta ni equipaje, me encuentro tirado en una localidad malasia de 200 mil habitantes. En principio me quedaría parte del viaje por Malasia hasta llegar a Singapur. Finalmente, decido viajar a Kuala Lumpur, donde, después de visitar las torres Petronas y otros lugares de interés, tomo un vuelo de vuelta a Bilbao.

La aventura concluye de una forma abrupta y nada deseable, pero sigo con ganas de regresar próximamente al sudeste asiático para explorar la zona con mayor profundidad, y esta vez, sí, llegar a Singapur para poder dar por concluido así el viaje, aunque realmente lo importante no ha sido el destino, sino el camino lo que he disfrutado del viaje.

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Bandera de Malasia

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Señal de carretera para indicar que debajo del puente te puedes cobijar de la lluvia

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Kuala Perlis

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Mezquita de Kuala Perlis

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Venta ambulante de alimentación

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Costa noroccidental de Malasia

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Vida en las barcas, Malasia

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Pescadores en Malasia

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Criadero de pájaros

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Bus escolar. El idioma malasio tienes similitudes con el español

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Platanera en Malasia

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Roti, plato típico de Malasia

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Malasia

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Arrozales en Malasia

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Torres Petronas, Kuala Lumpur

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Mezquita de Kuala Lumpur

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Malay typical food

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Aeropuerto de Kuala Lumpur

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Boeing 747-400 de Lufthansa

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El ‘jumbo’ de Lufthansa con destino Frankfurt

Tailandia: De Bangkok al océano Índico

Después de visitar durante unos días la capital de Tailandia, Bangkok, puse rumbo a la turística isla de Phuket, al suroeste del país y comunicada a través de un puente. Aún a mediados de octubre, la estación húmeda no ha terminado y es temporada baja, con lo que no hay muchos turistas. Por si esto fuera poco, recientemente falleció el Rey de Tailandia, decretándose 30 días de luto oficial, lo cual se puede ver por las banderas que ondean a media asta, o porque se ha recomendado a los bares que no pongan música hasta tarde. De manera que la tranquilidad impera en la isla del Mar de Andamán. Durante mi estancia, el viento sopla del suroeste, proveniente del océano Índico y lleva consigo humedad e intensa nubosidad  que no tarda en descargar en forma de lluvia, sobre todo durante la tarde y la noche. La temperatura a estas latitudes, ya próximas al ecuador, es agradable todos los días, oscilando entre los 24 y 31 grados. Recorrí parte de la isla en bicicleta,  visitando las playas de Bang Tao y Patong, entre otras, donde me dí sendos baños en unas aguas realmente cálidas, a 29 grados. En Phuket, aún quedan algunos efectos del devastador tsunami del 2004. Desde entonces, se ha hecho hincapié en la prevención, diseñándose rutas de evacuación que están convenientemente señalizadas y que normalmente van a parar a un lugar elevado. En la isla, la más grande de Tailandia, se ve bastante afición al ciclismo, me cruzo con varios ciclistas por la carretera y también observo varias tiendas de bicicletas.

Después de Phuket, tomé un barco hacia las islas Phi Phi, conocidas por la película “La playa”. Después de dos horas de trayecto desde Phuket, el ferry atraca en Phi Phi Don, la isla principal. Dadas las pequeñas dimensiones, enseguida la afluencia de turistas, sobre todo cuando llegan los ferrys, se hace notar. Nada más llegar, dos chicas vascas que viajan por Tailandia, de Vitoria y Zarautz, me saludan al verme con la camiseta de Vitoria-Gasteiz. Phi Phi Don es una pequeña isla en el mar de Andamán, donde destaca la playa de Tonsai bay, ubicada junto al embarcadero y la zona de amarre de otros barcos que llegan de Krabi o Ao Nang. En el otro lado apenas a 100 metros hay otra playa más tranquila, desde donde solamente salen algunas barcas tradicionales de madera (long tail  boats), normalmente taxis. En Phi Phi subí a un mirador para contemplar una panorámica de la isla y visité Monkey beach, donde se pueden observar monos que descienden de la ladera.

Desde Phi Phi, tuve que coger otro barco para volver a tierra firme, en este caso a Ao Nang. En los barcos, el transporte de bicileta supone un extra de 100 baht. Ao Nang es una localidad con una bonita playa, aunque con una zona turística bastante grande que le hace perder encanto. Comienzo a ver que en esta zona ya no predominan los templos budistas, sino que son las mezquitas las que copan el paisaje, parece ser que desde aquí hasta Malasia impera el Islam. Desde la embarcación, tuve ocasión de ver la bahía de Railay, donde desembarcaron algunos pasajeros.

Una vez en tierra firme, hora de retomar las bicicletas. Tras dormir en una pérgola cerca del puerto que contaba con enchufes y servicios gratuitos, al otro día me dirigí a Krabi, recorriendo en total unos 30 km. En realidad en Krabi no hay mucho para ver, se trata más bien de una localidad que sirve como base para explorar la provincia. Al día siguiente, desde Krabi fuí hasta Emerald Pool, una piscina natural ubicada a unos 60 km. Está bien, pero si estás acostumbrado a buenos parques nacionales, esto se queda muy pequeño, además, hay que pagar entrada. El recorrido hasta allí es fácil, dadas las buenas condiciones del asfalto y el perfil plano, salvo algún pequeño repecho. Desde Emerald Pool llegué a Koh Lanta después de 70 km, parte de los cuales bajo la lluvia. Koh Lanta es un archipiélago ubicado al suroeste de Tailandia y está comunicado con la península de Malaca a través de un transbordador por el que se pagan 20 Baht por pasajero y 5 por la bicicleta. Desde el embarcadero, en la parte conocida como Koh Lanta Noi, al norte, hasta la parte principal y más desarrollada turísticamente (Koh Lanta Yai), al sur, recorrí de noche unos 8 km, al final de los cuales se cruza un puente, que nos sirvió de refugio para dormir. Koh Lanta Yai, también conocida simplemente como Koh Lanta, es una isla de unos 30 km de largo por 6 de ancho, bastante grande para las dimensiones de las islas en Tailandia. En la zona oeste se concentran la mayoría de resorts y servicios turísticos, mientras que el este conserva un carácter más auténtico, con pequeños pueblos de pescadores. En general, hay menos turistas que en Phi Phi y las playas están bien sin ser espectaculares. Además de probar la comida local, he podido descubrir la isla en bicicleta y ha sido la bahía de Kantiang la zona que más me ha gustado, tanto que me he quedado dos días allí aprovechando el buen tiempo. La bahía de Kantiang es una zona con una bonita playa, un par de resorts de lujo, tres o cuatro restaurantes y como no, un 7 Eleven. Lo positivo es que conserva un aire más tranquilo. Por la mañana, al amanecer, he podido observar cómo descargaban pescado de algunas pequeñas embarcaciones.  Después, he desayunado disfrutando de unas espectaculares vistas. Un suizo que ha dicho vivir aquí me ha saludado e invitado a desayunar y ducharme en su casa , comentando que su mujer nos vio hace tres días en Krabi, y que deberíamos ser los mismos ciclistas. En el sur de Koh Lanta, he podido ver más monos salvajes, y uno de ellos se ha subido a mi bolsa de manillar, cogiendo un sobre de ketchup que había en el interior, después de revolver todo.

Después de tres días en la isla de Koh Lanta, pongo rumbo hacia Hat Yai y la frontera con Malasia. Aprovecho para recorrer algunos kilómetros de noche, evitando las horas de más calor. Me lo tomo con tranquilidad durante el día, visitando un mercado flotante y aprovecho para hechar la siesta a la sombra, después, continuo pedaleando y me quedo a dormir a unos 35 km de la frontera. Al otro día, llegando a la frontera, me llama un policia tailandés, quien me regala una botella de agua.

De Tailandia, cabe destacar el buen estado de conservación de las carreteras, la amabilidad y generosidad de la gente, así como su espectacular naturaleza, los paisajes kársticos costeros son un claro ejemplo de esta riqueza natural. Especialmente en la provincia de Krabi. En cuanto a la gente, no sé si por influencia del budismo, son muy agradables con el extranjero y siempre están dispuestos a ayudar. Quizás también ayude el ir en una bicicleta. En Tailandia, el nivel económico es más elevado que en el resto de los países del sudeste asiático que he visitado, pero los precios no lo son tanto, incluso me ha parecido más barato que Laos, Vietnam y Camboya. Así, comer un plato de Pad thai en un restaurante asequible, puede costar unos 40 baht, poco más de 1€. El turismo está muy implantado en el país, a diferencia de Laos o Camboya, que se mantienen más en su autenticidad, pero de Tailandia todo lo que me llevo es positivo. Un lugar para volver.

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Saliendo de Bangkok

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Entre el tráfico en la salida de Bangkok

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Frutas tropicales, Phuket

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Cycling Phuket

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Bang Tao beach, Phuket

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Phuket, Thailand

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Phuket, Tailandia

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Phuket, Thailand

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Phuket, Thailand

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Phi Phi, Thailand

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Karst, llegando a Phi Phi

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Long Tail boat, Phi Phi

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Phi Phi, Tailandia

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Monkey beach

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Monkey beach

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Snorkel en Phi Phi

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Phi Phi, Thailand

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Boat Phi Phi-Ao Nang, Thailand

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Railay

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Raylay bay, Krabi

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Ao Nang beach, Krabi

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Ao Nang Mosque, Thailand

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Pad thai

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Thai roads

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Templo chino

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Tienda de alimentación

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Thailand roads

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Emerald Pool, Thailand

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Emerald Pool, Thailand

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Road to Koh Lanta

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Llegada a Koh Lanta

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Koh Lanta en bici, Tailandia

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Koh Lanta

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Templo budista, Koh Lanta

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Koh Lanta bicycle

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Koh Lanta

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Koh Lanta

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Koh Lanta map, Thailand

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Cycling Koh Lanta, Thailand

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Shelter in Koh Lanta, Thailand

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Koh Lanta, Tailandia

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Gastronomía tailandesa

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Off the road, Thailand

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Koh Lanta, Tailandia

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Koh Lanta

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Koh Lanta, Thailand

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Kantiang bay, Koh Lanta

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Kantiang bay, Koh Lanta

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Kantiang bay, Koh Lanta

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Kantiang bay, Koh Lanta

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Pescadores, Koh Lanta

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Pescadores, Tailandia

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Sur de Koh Lanta

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Panorámica de Kantiang bay, Koh Lanta, Tailandia

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Monos en Koh Lanta, Tailandia

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De nuevo en tierra firme

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Thai cow

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En Tailandia se circula a mucha velocidad

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Rumbo a la frontera con Malasia

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Malasio de excursión en templo budista de Tailandia

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Templo budista, sur de Tailandia

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Llegando a la frontera con Malasia

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Camiones a la espera de cruzar la frontera entre Tailandia y Malasia

Salida de Camboya y entrada en Tailandia

Después de varios días de descanso en Phnom Penh, puse rumbo hacia la frontera sur con Tailandia. De Phnom Penh se puede decir que es una ciudad típica del sudeste asiático pero con ciertas características de ciudades europeas, donde quedan importantes reminiscencias del pasado colonial, no en vano fue parte del imperio francés. Es una capital pequeña, donde el visitante no puede faltar a la visita de la cárcel-museo del genocidio de Pol Pot. Salir de la capital camboyana llevó su tiempo, ya que la carretera tenía algunos tramos inundados y quedaban atascados los vehículos, además, los continuos baches y la contaminación por el polvo y suciedad de las calles, no facilitaban las cosas.

Los frenos de la bicicleta de Sel necesitaban líquido de frenos para seguir funcionando y no fue sencillo encontrar algún mecánico que los dejara en condiciones en la ciudad de Sihanoukville. Por ello, a duras penas continuamos hacia Tailandia para ver si en Bangkok se arreglaban de una vez.

La ruta en los últimos kilómetros antes de la frontera con Tailandia por la carretera 48 se emplaza en un denso paisaje forestal donde no hay mucho para ver y de vez en cuando alguna pequeña aldea completa el paisaje.

El paso fronterizo fue rápido. En el lado camboyano toman huellas dactilares  con máquinas de última generación, paradojas de uno de los países más pobres de Asia. En el lado tailandés, como ya llevaba la visa estampada en el pasaporte, tampoco se demoró mucho, aunque sí hubo que rellenar uno de esos formularios de llegada/salida donde te piden algunos datos y que en este caso como en el de Camboya, te grapan la hoja en el pasaporte, lo cual no es muy cómodo sobre todo cuando te quedan pocas hojas disponibles.

Nada más entrar en Tailandia, saltan a la vista varias diferencias, como es circular por la izquierda. También se nota un país más desarrollado, donde las calles se ven limpias porque tienen un mejor sistema de recogida de residuos. Para ir en bicicleta el asfalto está en perfectas condiciones y a veces hay arcén, eso sí, los coches circulan bastante rápido en carretera. Abundan los pequeños supermercados Seven Eleven y la gente parece más acostumbrada a los extranjeros.

Después de una breve visita a Trat, llegué a Bangkok, una ciudad moderna repleta de supermercados 7-Eleven. En la capital del país he pasado los últimos días, hospedado en la guesthouse New Phiman, junto al río y al puente Rama VIII,a un kilómetro de Khao San Road, la famosa zona de mochileros y movida en la capital tailandesa. En Bangkok he dado algún retoque a la bicicleta y aprovechado para descansar. Se trata de la  ciudad más importante del sudeste asiático, es moderna y bulliciosa, los tuk tuk se abren paso entr el intenso tráfico. He visitado el barrio chino, y como no, la famosa calle Khao San Road. Desde la capital tailandesa continuaré el viaje por Tailandia hacia Phuket, Krabi y la frontera de Malasia.

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Paisaje de Camboya

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Aguacero en Sihanoukville, Camboya

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Llegada a Bangkok

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Bangkok en bicicleta

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New Phiman guesthouse, Bangkok

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Bangkok, Tailandia

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Cocos en Bangkok, Tailandia

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Bandera de Tailandia

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Templo, Bangkok